Paco González es actualmente vocal territorial de FPEmpresa en Cataluña y director de la Escola del Treball de Lleida. Su trayectoria profesional comenzó con estudios de FP de Electricidad y en Ingeniería Técnica, aunque su vinculación con la formación profesional va mucho más allá. En 1987, tras superar unas oposiciones, se incorporó como maestro de taller. Más adelante, cuando se suprimió la sección de FP de su centro, pasó a ejercer como profesor de Tecnología en secundaria, lo que en aquel momento parecía marcar el rumbo definitivo de su carrera docente.
Sin embargo, su trayectoria dio un giro cuando, tras cinco años como jefe de estudios, fue invitado a formar parte del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universitat de Lleida, como responsable de la formación del profesorado de FP y Tecnología. Fue allí donde tomó conciencia de que, si realmente quería mejorar como docente, debía ampliar su formación. Por ello, decidió estudiar Psicología y Psicopedagogía.
En 2006 asumió un nuevo reto como coordinador territorial de Formación Profesional en los Servicios Territoriales de Educación de Lleida. Cuando su comisión no fue renovada, tomó una decisión firme: no volvería a la ESO, y centraría su futuro profesional en la Formación Profesional.
Esa elección le llevó de forma natural a la Escola del Treball de Lleida, donde ha ejercido de miembro del equipo directivo como Jefe de Relaciones con las Empresas, y desde el curso 2022, como director del centro. Curiosamente, ha acabado dirigiendo el mismo instituto donde, en 1977, comenzó sus estudios de FP. “Después de pensar durante muchos años que no duraría más de unos cuantos cursos en un mismo lugar, la vida me ha llevado de vuelta al lugar donde todo empezó”, comenta como curiosidad.
Pregunta: ¿Cuáles son algunos de los temas que más te interesan en el mundo de la educación?
Respuesta: Hay dos ámbitos dentro de la educación que siempre me han interesado especialmente.
El primero es la comprensión del alumnado. Estudié Psicología y, más tarde, Psicopedagogía porque sentía la necesidad de entender mejor a los adolescentes: saber qué les influye, cómo piensan, cómo sienten. Cuando uno empieza como docente, tiende a pensar que los alumnos son como él, pero pronto te das cuenta de que cada persona tiene su propio mundo, sus intereses, sus ritmos. Lo que te apasiona a ti no tiene por qué motivar a los demás. Por eso decidí formarme más a fondo: para poder acompañarlos mejor y orientarlos con mayor sensibilidad y eficacia.
El segundo tema que siempre me ha apasionado es el aprendizaje en sí mismo. Me preocupa que los alumnos no solo aprueben, sino que realmente aprendan. He experimentado con métodos de evaluación donde no ponía nota, sino que señalaba qué estaba bien, qué debía mejorar y qué conocimientos eran imprescindibles. Muchos alumnos me preguntaban “¿pero esto qué nota es?” Y yo les respondía: “Lo importante no es la nota, sino si lo has aprendido o no. Si no sabes lo básico, no puedes seguir avanzando.” Para mí, lo esencial es que aprendan, no que pasen de curso con una calificación.
Y finalmente, el tercer gran eje de mi vocación es la Formación Profesional. Hace más de 20 años que tengo claro que el futuro de nuestra sociedad pasa por una FP fuerte, conectada con la realidad del mundo laboral y capaz de ofrecer oportunidades reales. Ha costado que esta idea se generalice, pero creo que, por fin, estamos en ese momento de madurez en el que la FP recibe el reconocimiento que merece. Y eso me motiva cada día.
P: ¿Has notado algún cambio en el perfil de estudiantes de FP?
R: Sí, en los últimos años he notado un cambio claro en el perfil del alumnado. Muchos jóvenes llegan al centro con una madurez que se va alcanzando más tarde y con un alto grado de protección familiar. Tengo la sensación de que hay una preocupación muy extendida entre las familias por asegurar la felicidad de sus hijos, y en ese intento, a veces se evita cualquier situación que pueda suponerles un esfuerzo o frustración. Evidentemente, todos queremos que nuestros hijos sean felices, pero también deben entender que las cosas cuestan, que la vida requiere compromiso, constancia y esfuerzo. Y creo que ahí estamos perdiendo una parte fundamental del proceso educativo: la cultura del esfuerzo.
Curiosamente, este perfil cambia cuando el alumnado entra en contacto con la empresa. Allí, la mayoría demuestra una actitud más madura y responsable. Muchos de nuestros estudiantes tienen una necesidad real de trabajar, y eso les hace comprometerse de forma muy seria con su formación en entornos laborales reales.
P: ¿Cuál es el momento en tu carrera dentro de la FP que más te ha emocionado?
R: Sinceramente, creo que el momento que más me emocionará todavía está por llegar. La Formación Profesional es un proyecto en constante evolución: hay que mantenerla, mejorarla y adaptarla cada día. Ahora mismo me siento muy orgulloso del centro: de las instalaciones, de la estrecha relación que hemos construido con las empresas, y del hecho de que las instituciones confíen en nuestro trabajo. Solo llevo dos años como director, pero este camino lo empezamos mucho antes, con años de esfuerzo colectivo para transformar la Escola del Treball en lo que es hoy.
Me emocionaré, seguramente, el día que me detenga y mire hacia atrás con calma, y vea todo lo que hemos conseguido. Porque cuando estás inmerso en la tarea diaria, a menudo no te das cuenta del impacto que estás generando. También es muy emocionante cuando antiguos alumnos te saludan por la calle, se acuerdan de ti, y te agradecen lo vivido. Ese reconocimiento, el que nace de las personas, es el más sincero y el que más te toca.
P: ¿Qué proyectos destacarías de los que se están desarrollando en tu centro?
R: En la Escola del Treball de Lleida estamos llevando a cabo múltiples iniciativas, pero hay algunas que creo que nos definen especialmente.
En primer lugar, destacaría nuestro modelo de aprendizaje basado en proyectos, una metodología que aplicamos de forma transversal en muchos ciclos formativos. No solo la aplicamos internamente, sino que hemos formado a otros centros en su implementación, lo que nos ha convertido en un referente en este ámbito.
También es muy relevante todo el trabajo que hacemos en torno al fomento del talento y la emprendeduría. Organizamos la Semana de la Emprendeduría, el Concurso de Proyectos Emprendedores, el Acto de Inicio de Curso, los Premios a los Mejores Proyectos, la Quincena de Networking entre ciclos o la Jornada de Job Dating, entre otras iniciativas. Estas actividades crean una red de colaboración, creatividad y orientación profesional que conecta a nuestro alumnado con el entorno laboral real.
Otro pilar esencial es la relación con las empresas. Contamos con una carta y catálogo de servicios que estructura esa colaboración, y lo más destacable es que un 55% del alumnado de segundo curso participa en FP Dual intensiva. Es una cifra muy superior a la media española, que está en torno al 3%. Estos estudiantes hacen 1.000 horas de prácticas en empresa, con contrato laboral, salario y alta en la Seguridad Social. Este modelo fortalece su formación, mejora su empleabilidad y vincula de forma directa la escuela con el tejido productivo.
Finalmente, no puedo dejar de mencionar nuestro sistema de comunicación interna y externa, que es ágil, moderno y muy eficaz. Nos permite coordinar el trabajo de los equipos docentes, compartir buenas prácticas y mantener una comunicación fluida con las familias, el alumnado y las empresas.
En conjunto, todo esto responde a un mismo objetivo: ofrecer una Formación Profesional de calidad, conectada con la realidad y orientada al futuro.
P: ¿Cuáles son las principales dificultades a las que has tenido que hacer frente como docente?
R: Lo que más me ha costado es aceptar que no todos los compañeros entienden que ser profesor es un servicio. A veces, por dedicar tiempo a preparar mejor las clases o atender al alumnado, he escuchado cosas como: “¿Para qué haces eso si cobras lo mismo?”. Y eso duele, porque creo que esta es la profesión más bonita del mundo… pero también la más dura si no la sientes.
Con el tiempo entendí que no era tonto por implicarme, sino coherente con lo que creo: cuando estaba de professor a la ESO, servía a los alumnos y familias; ahora, en FP, también sirvo a las empresas, que necesitan buenos profesionales. Por eso, mi objetivo es que los alumnos aprendan de verdad, que les guste estudiar. Y eso solo se consigue si hacemos que el aprendizaje tenga sentido, que sea funcional y despierte su curiosidad.
P: ¿Cómo percibes el panorama actual de la Formación Profesional con respecto al pasado? ¿Qué aspectos han sido los que más han cambiado?
R: La FP ha cambiado radicalmente desde que yo estudiaba. Hoy es una formación mucho más conectada con la realidad laboral. De hecho, cuando mi hijo decidió ser profesor, le animé a que se dedicara a la FP, porque estoy convencido de que el futuro está aquí.
Antes, a muchas empresas les daba igual lo que estudiaras en el instituto; hoy, necesitan personal cualificado, y saben que la FP ofrece esa preparación práctica y actualizada. La gran diferencia es esa: ahora la FP va de la mano del tejido empresarial. Hay empresas que ya lo han entendido y otras que pronto lo harán. La FP ya no es una vía secundaria, es una opción estratégica para el futuro profesional y para el desarrollo económico.
P: ¿Cuál te parece que es el principal reto que afronta Cataluña o Lleida con respecto a la Formación Profesional?
R: El principal reto en Lleida es asegurar capital humano cualificado para que las empresas quieran invertir y establecerse en el territorio. Hace años, las empresas decidían su ubicación en función del coste del suelo o los impuestos. Hoy eso ya no es suficiente: necesitan personal formado desde el primer día.
Lleida tiene un potencial enorme, con recursos y materia prima de gran valor, pero muchas veces se exporta en lugar de transformarse aquí. Para revertir eso, necesitamos que las empresas se instalen en el territorio, y eso solo será posible si contamos con profesionales bien preparados.
No podemos permitirnos tener personas en paro por falta de cualificación. El paro en Lleida no es especialmente alto, pero muchas empresas siguen sin poder cubrir puestos clave. Ahí es donde la Formación Profesional tiene un papel esencial.
P: ¿Qué viste en FPEmpresa que te hiciera querer participar e implicarte en esta Asociación?
R: Conocimos FPEmpresa hace ya muchos años, aunque al principio nos costó entrar. Cuando finalmente el centro se inscribió, la dirección del centro asistió al Congreso en Gijón. Desde aquel momento, no hemos faltado a ningún encuentro y siempre hemos animado a otros centros a sumarse.
Lo que nos convenció fue la posibilidad de conectar con otros centros, compartir experiencias y crecer juntos. Eso es fundamental. Lleida es un entorno pequeño, y para encontrar referentes en las familias profesionales tienes que salir fuera. FPEmpresa te da esa red de contactos, ese acceso a centros punteros de toda España. Y eso, para un centro que quiere mejorar, no tiene precio.
En 2012 empezamos con un centro exclusivamente de FP. En 2016 aún no teníamos ni las instalaciones ni los proyectos que hoy forman parte de nuestra identidad. En menos de una década hemos transformado el centro, somos centro de excelencia, y lo hemos logrado observando, aprendiendo y colaborando con otros centros que ya estaban muy avanzados.
FPEmpresa nos ha permitido conocer buenas prácticas, inspirarnos, hacer visitas y descubrir posibilidades que ni imaginábamos. Si no sales de tu entorno, no ves todo lo que se puede hacer. Y FPEmpresa es precisamente eso: una ventana abierta al crecimiento, al intercambio y a la mejora continua.
P: ¿Cómo llegaste a formar parte de la Junta Directiva?
R: Para nuestro centro, era muy importante tener presencia en la Junta Directiva de la asociación. Hasta hace poco, esa representación la asumía Olga, y cuando ella dejó el cargo el curso pasado, fui la persona que la substituyo.
Formar parte de la Junta Directiva implica una gran responsabilidad. FPEmpresa es una asociación con mucha proyección, y no basta con trabajar: hace falta tener visión, generar contactos y aportar ideas que permitan seguir creciendo. Las personas que forman parte de la Junta no solo dedican horas —que son muchas—, sino que, además, tienen talento. Tienen la capacidad de crear, innovar y anticiparse.
P: ¿Cómo imaginas el futuro de la Formación Profesional?
R: Estoy convencido de que el futuro de nuestra sociedad pasa, necesariamente, por una Formación Profesional fuerte y consolidada. La FP es la base sobre la que se sostiene el desarrollo económico, el empleo de calidad y, en consecuencia, el bienestar de las personas.
Si queremos sueldos dignos, estabilidad laboral y la posibilidad de disfrutar de una buena calidad de vida, necesitamos una FP conectada con el tejido productivo, moderna, flexible y capaz de responder a los retos tecnológicos y sociales del presente y del futuro.
Una sociedad que apuesta por la FP está apostando por la igualdad de oportunidades, por la innovación y por el crecimiento sostenible. Por eso, no imagino el futuro sin una Formación Profesional en el centro del sistema educativo y económico.




