Luis García Domínguez
Presidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional FPEmpresa

Sabemos que estamos en un momento crucial de cambio e incertidumbre social, económica y culturalmente hablando. Estamos moviéndonos para adaptarnos, a veces con intuiciones.  Sabemos que la FP y el nivel educativo es un elemento clave para conseguir que la mayoría de la ciudadanía acceda a empleos de calidad y con futuro y también para que nuestro sistema productivo funcione de forma óptima a la vez que de manera sostenible e inclusiva. En España, estamos adaptando la FP a esta nueva realidad, tenemos una nueva Ley en tramitación y también se percibe en los últimos años un fuerte impulso por parte de todas las instituciones implicadas, incluyendo el compromiso de utilizar los fondos europeos “Next Generation” para que la inversión sea la adecuada, una de las razones por las que hasta el momento hemos caminado más despacio.

¿Qué debería preocuparnos ahora para mejorar la FP y para que la FP ayude a mejorar nuestra sociedad?

Hace unas semanas en el 7º Congreso de FP organizado por la Asociación FPEmpresa y CaixaBank Dualiza se señalaba la complejidad del desafío de hacer que la FP sea uno de los pilares para mejorar nuestra sociedad en los siguientes lustros.

El Informe 2021: La FP como clave de desarrollo y sostenibilidad, elaborado por el Observatorio de la Formación Profesional en España de CaixaBank Dualiza y por Orkestra, Instituto Vasco de Competitividad de la Fundación Deusto, nos hace la fotografía de la situación actual pero también señala cuáles son los retos principales para dar respuesta a las preguntas que nos planteábamos al inicio de esta reflexión.

De manera clara el informe nos enseña que la mayoría de los indicadores de la FP en España mejoran: número de estudiantes, tanto en grado medio como en grado superior, porcentaje de empleabilidad, también el número de centros y las modalidades de acceso a este tipo de formación se incrementan.

Además de felicitarnos por los buenos resultados, en general, es necesario subrayar algunos elementos importantes que se destacan en el propio informe, que deberían llevarnos a la reflexión y también a actuar con fuerza.

En primer lugar, es importante que seamos conscientes de que, aunque hemos llegado en números redondos al millón de matrículas, doblando los datos de hace diez años, dicho éxito no se refleja en la tasa de finalización en la modalidad presencial de la FP, que con un 64% se encuentra a diez puntos de la tasa finalización del alumnado que cursa Bachillerato, cuya tasa de finalización es del 76%. La mejora de esta tasa permitiría incorporar más titulados y hacerlo de una manera más eficiente. Es necesario detectar los estudiantes que abandonan sin terminar y cuáles son las razones para ello. Los centros de FP necesitan músculo para poder actuar, para poder reforzar la ayuda académica y también necesitan recursos para aplicar medidas compensatorias cuando intervienen en dicho abandono escolar elementos sociales y económicos de los propios estudiantes. En todo caso, factores como la tasa de suspensos y las repeticiones están relacionados con la ratio de profesores por estudiante, el tipo de metodologías o la atención personalizada al alumnado.

En este punto, es necesario destacar que la tasa de finalización en FP Básica empeora cada año, del 52,6% en 2017-2018 al 52,4% en el curso 2018-19. Y, por tanto, si hay un reto de mejora en FP, lo es en proporciones mayúsculas, en este nivel, donde son necesarios, de verdad, todos los recursos disponibles para reducir nuestra tasa de abandono temprano, una tasa donde lamentablemente somos líderes europeos. No nos cansamos de insistir que los estudiantes matriculados en FP básica necesitan más recursos, grupos más pequeños, atención, orientación y tutorización personalizada. Es necesario mejorar la formación y selección del profesorado de este ciclo educativo. Es necesario también en muchos casos ayudas sociales para que no abandonen sus puestos formativos por trabajos informales, temporales y precarios. Es un reto de país perfectamente salvable si ponemos los recursos económicos y metodológicos necesarios.

En segundo lugar, tenemos pendiente el reto de la orientación, es decir, suministrar información clara y precisa sobre la realidad de la formación, sus salidas laborales y sus itinerarios. No es una tarea fácil en un mundo complejo, con tantas posibilidades y con tanta publicidad y propaganda. Y aquí tenemos que decir que es importante hacer un esfuerzo para hacerlo de manera proactiva e individual. Debe ser, no un proceso mecánico e impersonal, sino cercano, pegado a las personas.

Las ventajas de una orientación activa y personalizada tienen como resultado la mejora de las posibilidades de formación de las personas y también la mejora de la eficiencia de los recursos formativos que ponemos en marcha.

Esa eficiencia debería ser capaz de equilibrar una brecha de género en FP que hace que las mujeres elijan mucho menos las opciones tecnológicas e industriales, que son paradójicamente las que proporcionan mejores empleos.  Debería también ayudar a que la FP fuese un mecanismo de ajuste y desarrollo en un mercado laboral español que crecerá en 1,3 millones de ocupaciones desde 2020 hasta 2030 y que, según CEDEFOP, lo hará en un 13% en Comercio, en un 14% en Informática o en un 21% en actividades financieras y seguros.

Una orientación temprana e integrada en los niveles de Primaria y Secundaria ayudaría a reducir el abandono educativo temprano, pues como hemos dicho ese abandono supone una condena al desempleo para nuestros jóvenes, quienes sufren en nuestro país una tasa de paro que dobla la de la Unión Europa.

En resumen, la tendencia positiva de la mayoría de los indicadores de la FP debe darnos un impulso para seguir trabajando en hacer una FP que dé respuesta a los retos que tiene hoy nuestra sociedad y para ello debemos resolver estos desafíos pendientes.

Hoy la cuestión es hacer posible que la elección de los itinerarios de Formación Profesional sea más fácil, transparente, cercana y ajustada a los intereses personales y profesionales de nuestros jóvenes. Sin olvidarnos de poner todos los recursos necesarios para que una vez que éstos están matriculados la gran mayoría finalice sus estudios de manera exitosa.