Antes de programar sensores, diseñar una maqueta o enviar datos a la nube, el equipo de Salesianos Atocha de Madrid salió a la calle. El proyecto Arganzuela Conectada, segundo clasificado en la segunda edición del Eco-Digithon España (impulsada por FPEmpresa e Innogestiona Ambiental), nació precisamente de mirar el entorno más cercano y preguntarse qué problemas afectan al día a día del distrito madrileño de Arganzuela.
“Nuestro proyecto nace de salir a la calle y contrastar información con la comunidad vecinal sobre los problemas reales del barrio. Entre ellos detectamos la contaminación por basura, la contaminación acústica y la pérdida de zonas verdes”, explica el equipo.
A partir de ese contacto directo con la realidad del entorno, el alumnado comenzó a desarrollar una propuesta basada en tecnologías de Internet de las Cosas (IoT) para monitorizar variables ambientales y urbanas como la temperatura, la humedad, la calidad del aire, el ruido o el uso de determinados espacios públicos. La idea no era solo medir, sino convertir esos datos en información útil para mejorar la vida en el barrio.
El proyecto se materializa en una maqueta que representa distintas zonas de Arganzuela, como parques, plazas o áreas de tráfico. En ella se distribuyen diferentes nodos de sensores capaces de recoger información del entorno y enviarla a plataformas digitales, donde los datos pueden visualizarse y analizarse.
Escuchar el barrio antes de diseñar la solución
Uno de los momentos clave del proceso fue la colaboración con la Asociación de Vecinos Pasillo Verde, con quien el alumnado realizó una ruta por el distrito para identificar necesidades reales.
Esa mirada social es lo que diferencia a Arganzuela Conectada de una propuesta puramente tecnológica. Los sensores y la maqueta son herramientas, pero el punto de partida está en la comunidad. El objetivo es que la información recogida pueda servir para orientar decisiones y plantear mejoras concretas.
“Todos estos datos se recopilan y se envían a una plataforma en la nube para que la comunidad vecinal y el Ayuntamiento puedan tomar decisiones de futuro y promover los cambios necesarios para lograr un entorno más sostenible”, señalan desde el equipo.
El trabajo ha sido desarrollado de forma interdisciplinar dentro del centro educativo. El alumnado se organizó en grupos para asumir distintas partes del sistema, desde la electrónica y la programación hasta la construcción de la maqueta y la presentación final. A lo largo del proceso, han tenido que enfrentarse a retos técnicos y organizativos, pero también han podido comprobar cómo sus conocimientos pueden aplicarse a situaciones reales del entorno.
Arganzuela Conectada responde así al espíritu del Eco-Digithon: utilizar la tecnología y la innovación digital para abordar problemas sociales y ambientales desde la Formación Profesional. En este caso, el proyecto demuestra cómo soluciones relativamente sencillas pueden contribuir a generar conciencia ciudadana, facilitar la lectura de datos urbanos y abrir nuevas formas de participación entre centros educativos, vecindario e instituciones.
Más allá del reconocimiento obtenido, que consiste en 750€ en material para el centro, el proyecto tiene un carácter escalable y replicable. Su planteamiento podría adaptarse a otros barrios o ciudades que quieran monitorizar variables ambientales y tomar decisiones basadas en datos reales.
Con Arganzuela Conectada, el equipo de Salesianos Atocha ha demostrado que la FP puede mirar a su alrededor, detectar un problema cercano y convertirlo en una solución tecnológica con impacto social. Porque, a veces, innovar empieza simplemente por salir a la calle, escuchar al barrio y transformar esa información en una oportunidad de mejora.














