Antes de programar sensores, diseñar una maqueta o enviar datos a la nube, el equipo de Salesianos Atocha de Madrid salió a la calle. El proyecto Arganzuela Conectada, segundo clasificado en la segunda edición del Eco-Digithon España (impulsada por FPEmpresa e Innogestiona Ambiental), nació precisamente de mirar el entorno más cercano y preguntarse qué problemas afectan al día a día del distrito madrileño de Arganzuela.

“Nuestro proyecto nace de salir a la calle y contrastar información con la comunidad vecinal sobre los problemas reales del barrio. Entre ellos detectamos la contaminación por basura, la contaminación acústica y la pérdida de zonas verdes”, explica el equipo.

A partir de ese contacto directo con la realidad del entorno, el alumnado comenzó a desarrollar una propuesta basada en tecnologías de Internet de las Cosas (IoT) para monitorizar variables ambientales y urbanas como la temperatura, la humedad, la calidad del aire, el ruido o el uso de determinados espacios públicos. La idea no era solo medir, sino convertir esos datos en información útil para mejorar la vida en el barrio.

El proyecto se materializa en una maqueta que representa distintas zonas de Arganzuela, como parques, plazas o áreas de tráfico. En ella se distribuyen diferentes nodos de sensores capaces de recoger información del entorno y enviarla a plataformas digitales, donde los datos pueden visualizarse y analizarse.

Escuchar el barrio antes de diseñar la solución

Uno de los momentos clave del proceso fue la colaboración con la Asociación de Vecinos Pasillo Verde, con quien el alumnado realizó una ruta por el distrito para identificar necesidades reales.

Esa mirada social es lo que diferencia a Arganzuela Conectada de una propuesta puramente tecnológica. Los sensores y la maqueta son herramientas, pero el punto de partida está en la comunidad. El objetivo es que la información recogida pueda servir para orientar decisiones y plantear mejoras concretas.

“Todos estos datos se recopilan y se envían a una plataforma en la nube para que la comunidad vecinal y el Ayuntamiento puedan tomar decisiones de futuro y promover los cambios necesarios para lograr un entorno más sostenible”, señalan desde el equipo.

El trabajo ha sido desarrollado de forma interdisciplinar dentro del centro educativo. El alumnado se organizó en grupos para asumir distintas partes del sistema, desde la electrónica y la programación hasta la construcción de la maqueta y la presentación final. A lo largo del proceso, han tenido que enfrentarse a retos técnicos y organizativos, pero también han podido comprobar cómo sus conocimientos pueden aplicarse a situaciones reales del entorno.

Arganzuela Conectada responde así al espíritu del Eco-Digithon: utilizar la tecnología y la innovación digital para abordar problemas sociales y ambientales desde la Formación Profesional. En este caso, el proyecto demuestra cómo soluciones relativamente sencillas pueden contribuir a generar conciencia ciudadana, facilitar la lectura de datos urbanos y abrir nuevas formas de participación entre centros educativos, vecindario e instituciones.

Más allá del reconocimiento obtenido, que consiste en 750€ en material para el centro, el proyecto tiene un carácter escalable y replicable. Su planteamiento podría adaptarse a otros barrios o ciudades que quieran monitorizar variables ambientales y tomar decisiones basadas en datos reales.

Con Arganzuela Conectada, el equipo de Salesianos Atocha ha demostrado que la FP puede mirar a su alrededor, detectar un problema cercano y convertirlo en una solución tecnológica con impacto social. Porque, a veces, innovar empieza simplemente por salir a la calle, escuchar al barrio y transformar esa información en una oportunidad de mejora.

Hay molestias que durante demasiado tiempo se han considerado normales. Dolores que se asumen como parte inevitable del ciclo, señales que se minimizan y conversaciones sobre la menstruación que aún encuentran silencios alrededor. Esa es la reflexión desde la que nace SISNA, el proyecto del Institut Escola del Treball de Barcelona reconocido con el segundo tercer premio en la 5ª edición de los Premios Transferencia de Conocimiento de la FP, impulsados por FPEmpresa y Grupo Esprinet.

La propuesta parte de una escena cotidiana: una joven siente dolor durante la menstruación, prueba diferentes productos y se pregunta si lo que le ocurre debería considerarse normal. A partir de ahí, el equipo plantea una idea central: la salud femenina todavía no recibe siempre la atención que merece y la menstruación, lejos de ser algo que deba ignorarse o minimizarse, puede aportar información útil sobre el cuerpo.

“Algo tan natural como es la menstruación, una experiencia que todas compartimos, no debería ser ignorada ni minimizada”, señala el equipo en el vídeo de presentación del proyecto.

Desde esa mirada, SISNA propone una copa menstrual reutilizable con un anillo sensorial integrado en la base. Su objetivo no es diagnosticar, sino ofrecer una señal temprana ante posibles alteraciones. El propio equipo lo explica con claridad: “SISNA no sustituye un diagnóstico médico, simplemente permite la prevención antes de que ocurra”.

Del diseño de producto a la prevención

El desarrollo del proyecto comenzó con el análisis de diferentes modelos de copas menstruales existentes en el mercado. El alumnado estudió aspectos como el sellado, la adaptabilidad anatómica y la comodidad al retirarla, con el objetivo de diseñar una propuesta ergonómica y funcional.

Para ello, la copa fue diseñada en SolidWorks, seleccionando una forma cómoda y adaptable. Sin embargo, la verdadera innovación del proyecto se encuentra en el anillo sensorial integrado en la base, un elemento añadido que no interfiere en la colocación ni en el uso de la copa, pero que permite analizar el pH menstrual.

La idea parte de una afirmación que resume el sentido del proyecto: “La sangre menstrual no es un residuo, es información”. A través de ese enfoque, SISNA convierte un producto de higiene menstrual en una herramienta de observación preventiva.

El equipo explica que el pH vaginal suele situarse entre 3,8 y 4,5, un nivel de acidez que funciona como barrera frente a infecciones. Durante la menstruación puede elevarse, pero si después del periodo no vuelve a sus valores habituales, ese cambio puede ser una señal de alerta sobre una posible infección o irregularidad.

Para detectar esas variaciones, el proyecto utiliza antocianinas, un pigmento presente en la col morada que cambia de color según el nivel de acidez. La capa externa del anillo permite el paso del plasma menstrual, mientras que el hidrogel interno filtra los componentes sólidos. Cuando ese plasma entra en contacto con el indicador, se produce una variación cromática.

El cambio de color funciona como una alerta visual: rojo intenso para un entorno muy ácido, morado o violeta para un nivel más neutro y azul o verde para una mayor alcalinidad. De esta forma, la copa puede ofrecer una pista sencilla ante posibles cambios en el equilibrio del cuerpo.

Una solución reutilizable, accesible y sostenible

SISNA también incorpora una dimensión medioambiental y social. La copa está pensada en silicona médica, un material elegido por su flexibilidad, resistencia y compatibilidad con el cuerpo. Además, puede reutilizarse durante años y soporta procesos de esterilización, lo que la convierte en una alternativa duradera frente a otros productos menstruales.

El anillo sensorial está planteado para renovarse en cada ciclo. Según explica el equipo, al lavar la copa y el anillo con agua y jabón neutro, el indicador recupera su color inicial, permitiendo utilizar un anillo durante el periodo y sustituirlo por uno nuevo al mes siguiente.

Esa larga vida útil permite conectar el proyecto con otro objetivo: facilitar el acceso a soluciones de salud menstrual para mujeres con menos recursos. En palabras del equipo, “su larga vida útil permite que mujeres con bajos recursos sean capaces de acceder a ella”.

Pero SISNA no se limita a proponer un producto. También abre una conversación sobre cómo se investiga la salud femenina y sobre la necesidad de prestar más atención a señales que históricamente han sido poco estudiadas. El proyecto reivindica que la menstruación puede ser una fuente de información y que la tecnología puede ayudar a interpretarla de una forma sencilla, visual y no invasiva.

“Porque la FP no solo crea, investiga y transforma. Y las mujeres estamos aquí para liderar este cambio”, afirma el equipo en el cierre de su presentación.

El Centro San Viator centro socio de FPEmpresa, continúa desarrollando el proyecto Aurrerantz+, una iniciativa integrada en su plan estratégico que busca potenciar la dimensión internacional de la Formación Profesional y ofrecer al alumnado y al profesorado experiencias profesionales europeas que refuercen sus competencias técnicas, lingüísticas y personales.

Durante este curso, un grupo de Formación Profesional Básica y otro de SAT (Sección de Aprendizaje de Tareas) han realizado sus prácticas en empresa gracias al proyecto. En el caso de FP Básica, el alumnado de las especialidades de Comercio, Automoción, Electricidad y Mecanizado ha desarrollado sus prácticas en empresas vinculadas a sus respectivos sectores profesionales. Por su parte, el alumnado de SAT también ha participado en estas estancias, trabajando al mismo tiempo el refuerzo de su autonomía personal y profesional.

La experiencia ha permitido a ambos grupos convivir en un entorno diferente, conocer nuevos lugares y realizar distintas actividades durante su estancia. Desde el centro valoran este mes como una etapa muy enriquecedora, que el alumnado ha disfrutado y ha considerado una experiencia excelente.

Además, un pequeño grupo de FP Básica ha participado en una movilidad cultural corta en la República Checa, mientras que dos alumnas de Grado Medio de Atención a Personas en Situación de Dependencia han realizado un mes de prácticas en Finlandia. El profesorado también ha formado parte del proyecto mediante viajes a distintos centros de Formación Profesional de la Unión Europea, donde ha podido compartir experiencias y conocer diferentes modelos de gestión educativa.

Abierto, inclusivo y europeo

Aurrerantz+ nació con el propósito de desarrollar un proyecto global de centro en el que participen activamente tanto el alumnado como el profesorado. Su origen responde a la necesidad de trabajar de una manera diferente, dejando atrás métodos tradicionales y buscando nuevos enfoques educativos adaptados a los cambios sociales, tecnológicos y profesionales actuales.

Desde su puesta en marcha, el proyecto ha tenido como objetivo completar la formación del alumnado y del profesorado a través de experiencias profesionales europeas. Para el alumnado, estas movilidades suponen una oportunidad para mejorar su formación y ampliar sus posibilidades de inserción laboral. Para el profesorado, representan un espacio de intercambio de conocimientos y buenas prácticas educativas.

El proyecto refleja además la identidad del Centro San Viator como una iniciativa inclusiva, orientada a promover la igualdad de oportunidades y la normalización. Dado que el centro cuenta con un número significativo de estudiantes en situación de vulnerabilidad o con menos oportunidades, Aurrerantz+ busca ofrecer experiencias que contribuyan a mejorar su formación y facilitar su acceso al mercado laboral en igualdad de condiciones.

La iniciativa también apuesta por el desarrollo de competencias transversales, entre ellas las competencias digitales, el aprendizaje de lenguas extranjeras y las competencias sociales, todas ellas fundamentales para desenvolverse en un entorno laboral internacional. Además, siguiendo las directrices de la Unión Europea sobre reconocimiento y transparencia del aprendizaje, los resultados formativos se acreditan mediante herramientas europeas como el Learning Agreement o Europass.

El proyecto cuenta con una trayectoria consolidada. En 2007 se realizó la primera movilidad de diez alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales de SAT; en 2011 se incorporó alumnado con menos oportunidades procedente de PCPI-FPB; en 2013, con la llegada de Erasmus+, se sumaron estudiantes de Grado Medio y profesorado; y en 2017 tuvo lugar la primera movilidad de alumnado de Certificados Profesionales.

Hay residuos que forman parte de la vida cotidiana hasta el punto de volverse invisibles. Envases, envoltorios, embalajes, productos de un solo uso. El plástico está presente en miles de decisiones de consumo, pero pocas veces aparece traducido en un dato sencillo que permita entender su verdadero impacto. Esa fue la hipótesis de partida del equipo del IES Francisco de Quevedo de Madrid, ganador del primer premio en la segunda edición del Eco-Digithon España con el proyecto PlastiScore Verified.

La iniciativa, impulsada por FPEmpresa e Innogestiona Ambiental en el marco del proyecto europeo ENNEPlus, propone una maratón educativa dirigida a centros de Formación Profesional en la que el alumnado diseña prototipos digitales y tecnológicos para responder a retos ambientales y sociales reales. Con una anterior edición, celebrada en Extremadura, el reto plantea soluciones alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y parten de un enfoque participativo y multidisciplinar.

En ese contexto nace PlastiScore Verified, una herramienta que busca medir y visibilizar el impacto del plástico mediante un índice propio, el PlastiScore, inspirado en indicadores reconocibles para el usuario. La idea es sencilla de entender, pero ambiciosa en su alcance: permitir que cualquier persona pueda identificar el impacto plástico asociado a un producto, del mismo modo que hoy se interpretan otras valoraciones o etiquetas de consumo.

“El objetivo principal de nuestro proyecto es cuantificar de manera objetiva el volumen de plástico que generamos. Creemos que es una necesidad, porque hasta ahora nadie lo había planteado de esta forma”, explica el equipo ganador.

Hacer medible un problema cotidiano

PlastiScore Verified parte de una realidad cercana. Uno de los integrantes del equipo trabaja en el ámbito de los residuos urbanos, lo que permitió trasladar al aula una problemática que se observa a diario: el enorme volumen de plástico que se genera y la dificultad de convertir ese impacto en una información clara para consumidores, instituciones y empresas.

El proyecto plantea que un producto pueda tener una valoración positiva en algunos aspectos, pero al mismo tiempo generar un impacto negativo por la cantidad o el tipo de plástico asociado a su envase. Para hacerlo visible, el sistema convierte esa información en una escala propia, basada en el análisis de datos y en la comparación con otros casos o referencias similares, lo que permite entender mejor el resultado obtenido.

La propuesta también explora el uso de tecnologías como IPv6 para abordar la identificación masiva de productos en el mercado, lo que abre la puerta a pensar en una herramienta escalable y conectada con entornos digitales más amplios.

Detrás del proyecto hay un equipo diverso y multidisciplinar, formado por perfiles que aportan miradas complementarias: negociación, química y laboratorio, lógica computacional, experiencia de usuario, diseño gráfico y administración de empresas. Esa combinación ha permitido abordar el reto desde distintos ángulos, desde la formulación del algoritmo hasta la presentación visual de la herramienta y su posible desarrollo como plataforma.

El trabajo se desarrolló mediante una metodología propia, denominada XPR (Xtreme Programming en Recreo), basada en un proceso iterativo, colaborativo y creativo. Para el equipo, participar en el Eco-Digithon ha sido una experiencia marcada por la autoexigencia, el aprendizaje y el reto de convertir una preocupación ambiental en una propuesta concreta. También hablan de esperanza y altruismo, dos ideas que conectan con el objetivo último de PlastiScore Verified: generar una herramienta útil ante uno de los grandes desafíos ambientales actuales.

El primer premio supone un impulso para seguir explorando el recorrido del proyecto. Este reconocimiento incluye 1.000 euros en material para el centro, una tarjeta regalo de 250 euros para el profesorado coordinador y el representante de la comunidad local, así como la posibilidad de participar en la 10ª edición del Social Hackathon Umbria, lo que abre una nueva oportunidad para seguir desarrollando y compartiendo la propuesta en un contexto internacional.

Más allá del premio, el equipo ya piensa en cómo llevar la idea a un entorno real y hacer que pueda ser utilizada por diferentes agentes: “Buscamos generar impacto a través de una plataforma que permita a las instituciones públicas integrarse con este tipo de tecnología. En el caso de las empresas privadas, la idea es ofrecer un modelo B2B con el que puedan acceder a este tipo de licencia”, señalan.

PlastiScore Verified demuestra cómo la Formación Profesional puede convertirse en un espacio de innovación aplicada, capaz de unir tecnología, sostenibilidad y visión empresarial para responder a problemas reales. Desde una idea nacida en el aula, el equipo del IES Francisco de Quevedo ha planteado una solución que aspira a que el impacto del plástico deje de ser invisible y pueda medirse, compararse y entenderse.

Un cuadro eléctrico parece un elemento sencillo dentro de una vivienda. Está ahí, normalmente en la entrada o en un pasillo, preparado para actuar cuando salta un automático, se produce una incidencia o es necesario cortar la corriente. Sin embargo, para muchas personas no es tan fácil identificar qué ocurre, llegar hasta él o saber qué parte de la casa se ha quedado sin luz.

Desde esa escena cotidiana nace el proyecto del IES Gerardo Molina, de Torre-Pacheco, reconocido con el primer tercer premio en la 5ª edición de los Premios Transferencia de Conocimiento de la FP, impulsados por FPEmpresa y Grupo Esprinet. Una propuesta desarrollada desde el ciclo de Grado Superior en Sistemas Electrotécnicos y Automatizados para crear un cuadro eléctrico inclusivo, pensado especialmente para mujeres con discapacidad visual o movilidad reducida.

El proyecto parte de una necesidad muy concreta. En el vídeo de presentación, el equipo lo expresa con una situación fácil de imaginar: “Me cuesta porque el cuadro está pensado para verlo. Si salta un automático, no sé cuál es ni qué parte de la casa se ha quedado sin luz”. A esa dificultad se suma otra barrera física: “Si pasa algo, no puedo llegar bien al cuadro porque está demasiado alto”.

A partir de ese diagnóstico, el alumnado plantea una idea clara: los cuadros eléctricos domésticos no siempre están diseñados para ser accesibles. Y esa falta de accesibilidad puede generar inseguridad en situaciones en las que actuar rápido y entender qué ocurre resulta fundamental.

Cuando la accesibilidad también es seguridad

La propuesta del IES Gerardo Molina incorpora diferentes soluciones para que el cuadro eléctrico pueda ser utilizado de forma más autónoma y segura. Una de las principales medidas es la integración de un sistema de relieve en Braille, que permite identificar cada circuito mediante el tacto. A ello se suma el uso de iniciales grandes y con alto contraste, pensadas para facilitar la lectura y mejorar la accesibilidad visual.

El equipo también tuvo en cuenta la altura de instalación del cuadro, especialmente en viviendas donde pueda vivir una persona en silla de ruedas. Para ello, consultaron con su profesora María Luisa Martín, con el objetivo de adaptar la propuesta a criterios de accesibilidad y uso real.

Pero el proyecto va más allá de la identificación física de los circuitos. El alumnado ha incorporado un conjunto de soluciones inteligentes que permiten recibir avisos y actuar sobre la vivienda de forma más eficiente. Entre ellas, un sensor de día y noche que detecta si una luz ha quedado encendida durante el día y envía una notificación a través de Telegram, permitiendo desactivarla.

También se ha integrado un detector de humo inteligente, conectado al mismo sistema de alertas. De esta forma, el cuadro no solo facilita el uso cotidiano de la instalación eléctrica, sino que añade una capa de seguridad ante posibles incidencias en el hogar.

Tecnología aplicada a la autonomía

Para gestionar estas funciones, el proyecto utiliza una Raspberry Pi conectada a la red Wi-Fi de la vivienda, con sistema operativo Linux y el software Node-RED. Este sistema permite centralizar los avisos y enviar notificaciones al móvil cuando se produce una incidencia.

Una de las funcionalidades más relevantes es la alerta en caso de que baje algún magnetotérmico. El sistema no se limita a avisar de que existe un fallo, sino que identifica exactamente qué circuito se ha visto afectado. En el propio vídeo del proyecto, el equipo muestra el tipo de aviso que recibiría la persona usuaria: “Alerta fallo circuito, enchufes”.

Además, para garantizar que al salir de casa todo quede apagado, el alumnado ha implementado un sistema NFC. Al pasar el móvil desbloqueado por el dispositivo, se apaga toda la luminaria y algunos enchufes, una solución que combina comodidad, ahorro energético y seguridad.

El proyecto se alinea con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos el ODS 5, por su contribución a la igualdad de género con especial referencia a mujeres con discapacidad; el ODS 7, por su aportación al ahorro energético; y otros objetivos vinculados a la reducción de desigualdades, las comunidades sostenibles, el consumo responsable y la acción por el clima.

El valor de la propuesta está precisamente en esa combinación de elementos: accesibilidad, energía, seguridad, autonomía y tecnología aplicada. No se trata únicamente de adaptar un cuadro eléctrico, sino de repensar un elemento doméstico desde la perspectiva de quienes encuentran barreras en su uso diario.

El equipo lo resume con una frase que sintetiza el espíritu del proyecto: “Estamos seguros de que con nuestro proyecto podemos ayudar a muchas mujeres a ganar autonomía y seguridad, porque diseñar para todas no es un extra: es seguridad, igualdad y tranquilidad”.

Zinkers FP, el programa educativo gratuito de Fundación Repsol dirigido al profesorado de Formación Profesional, ha registrado a más de 400 docentes en sus acciones de formación online durante el primer semestre. La iniciativa, en cuya difusión colabora FPEmpresa, continúa acercando al aula recursos y herramientas para trabajar la sostenibilidad aplicada al sector productivo.

A lo largo de este periodo, se han desarrollado diferentes seminarios web y talleres dirigidos a facilitar al profesorado la incorporación de la sostenibilidad en sus clases. En concreto, se han celebrado dos Talleres de Sostenibilidad Zinkers FP, que han contado con 151 docentes registrados; dos Seminarios Web Zinkers FP: Formación básica en Sostenibilidad, con 190 docentes registrados; y un Seminario Web Zinkers FP: Aprende a personalizar tu aula, que ha reunido a 77 docentes registrados.

Estas acciones formativas refuerzan el objetivo de Zinkers FP de ofrecer al profesorado recursos didácticos adaptados a la Formación Profesional y vinculados al Módulo Transversal de Sostenibilidad. El programa pone a disposición de los docentes contenidos y herramientas para trabajar la sostenibilidad desde una perspectiva práctica, conectada con los retos del sector productivo y con la realidad profesional del alumnado.

Sostenibilidad aplicada al aula de FP

Zinkers FP está diseñado para acompañar al profesorado en la integración de la sostenibilidad de forma transversal, a través de materiales que permiten abordar los resultados de aprendizaje establecidos y trasladarlos al aula mediante propuestas dinámicas y aplicadas.

Entre sus recursos se encuentra el reto SOMOS PROFESIONALES, una actividad en la que el alumnado puede desarrollar un plan de sostenibilidad, idear soluciones basadas en problemas reales y aplicar los conocimientos adquiridos a la gestión empresarial actual. De este modo, el programa contribuye a que los estudiantes se formen en competencias vinculadas a la sostenibilidad, la innovación y la toma de decisiones en contextos profesionales.

Las acciones desarrolladas durante el primer semestre han permitido seguir acercando estos contenidos al profesorado de FP y facilitar su adaptación a distintas realidades educativas. En este sentido, la formación básica en sostenibilidad ha sido la línea con mayor participación, mientras que las sesiones orientadas a la personalización del aula han reforzado la utilidad de los recursos para su aplicación directa en clase.

No todas las situaciones de acoso empiezan con una agresión evidente. A veces comienzan con comentarios, control, exclusión o comportamientos que se normalizan demasiado pronto. Después, crecen. Escalan. Y pueden convertirse en violencia digital, sextorsión o abusos que muchas personas no saben cómo denunciar.

Desde esa realidad nace Pantalla Morada, el proyecto del CIPFP Misericordia de Valencia reconocido con el segundo premio en la 5ª edición de los Premios Transferencia de Conocimiento de la FP, impulsados por FPEmpresa y Grupo Esprinet. Una propuesta tecnológica sencilla, replicable y pensada para ofrecer apoyo, información y orientación inmediata ante situaciones de acoso o violencia.

El proyecto, liderado por Lucía García, tutora del centro y líder del equipo, parte de una pregunta directa: “¿Alguna vez has sufrido algún tipo de acoso?”. A partir de ahí, el equipo plantea una reflexión que conecta con una realidad cercana para muchos jóvenes: “Quizás tú no, pero seguro que alguien de tu entorno sí”.

Pantalla Morada surge precisamente para responder a ese silencio que muchas veces rodea a las víctimas. Según recoge el equipo en su presentación, “la violencia no tiene ni edad ni género”, aunque afecta especialmente a las mujeres, que en muchas ocasiones callan “por miedo o por no encontrar un sistema adecuado para denunciarlo”.

Un dispositivo sencillo para una necesidad urgente

La propuesta consiste en una pantalla interactiva instalada en espacios privados y discretos, pensada para que cualquier persona pueda acceder a información y ayuda sin exponerse ni llamar la atención. En el caso planteado por el centro, estas pantallas se instalarían en los baños, lugares de uso personal donde la víctima puede interactuar con el dispositivo con mayor privacidad.

Con este proyecto priorizamos la privacidad de la víctima”, explica el equipo en el vídeo de presentación, donde también señalan que las pantallas estarían ubicadas en “zonas de espacio personal y que no llaman la atención”.

Uno de los puntos fuertes de Pantalla Morada es su viabilidad. El proyecto no parte de grandes infraestructuras ni de materiales inaccesibles, sino de recursos habituales en el entorno educativo. El propio equipo lo resume así: “Tan solo con el material que encontramos en las aulas, de manera fácil, hemos logrado desarrollar y plantear un proyecto totalmente viable de fabricar en centros educativos”.

El prototipo está formado por una placa Raspberry Pi, una pantalla táctil externa y su sistema de alimentación. Además, contempla la posibilidad de integrar todos los elementos en un único chasis fabricado mediante impresión 3D. En la parte de software, incorpora una interfaz multifunción diseñada de acuerdo con la normativa vigente y con capacidad de actualizarse ante posibles cambios legales.

“El hardware y software de nuestro proyecto es extremadamente sencillo y permite una adaptación rápida a cualquier entorno”, señala el equipo, que también destaca la posibilidad de actualizar la herramienta de forma continua debido a los cambios rápidos de la ley.

Tecnología, privacidad e inclusión

Pantalla Morada no solo busca ofrecer una respuesta inmediata, sino también generar un recurso útil a largo plazo. El equipo ha desarrollado un prototipo para demostrar que la solución puede implantarse siguiendo instrucciones sencillas y adaptarse a distintos espacios, desde centros educativos hasta empresas, centros comerciales u otros lugares expuestos a situaciones de abuso.

La accesibilidad también forma parte del diseño. La interfaz está pensada para ser fácil de utilizar por cualquier persona e incorpora letra grande para facilitar su uso por parte de personas con discapacidad visual. De este modo, el proyecto conecta la prevención de la violencia con la inclusión y la igualdad de acceso a la información.

Además, la iniciativa concede un papel protagonista a las alumnas del centro. El equipo plantea que el montaje y la instalación de las pantallas sean realizados por ellas, así como las charlas formativas sobre su funcionamiento en las distintas familias profesionales del centro educativo. Esta decisión refuerza el valor del proyecto dentro de una convocatoria que busca promover la presencia femenina en ámbitos técnicos y tecnológicos.

En palabras del propio equipo, con Pantalla Morada se pretende dar “un pequeño paso, pero importante en esta lucha”. Una frase que resume bien el sentido del proyecto: no se presenta como una solución única a un problema complejo, sino como una herramienta concreta, viable y cercana para facilitar que pedir ayuda sea más fácil.

El proyecto se centra especialmente en el ODS 5, vinculado a la igualdad de género, y también se relaciona con otros objetivos como la reducción de las desigualdades, las comunidades sostenibles, el consumo responsable y la paz, justicia e instituciones sólidas.

El CIFP de Telde, centro socio de FPEmpresa, ha sido seleccionado en la VII Convocatoria Dualiza-Orienta, impulsada por CaixaBank Dualiza y FPEmpresa, con el proyecto Circuito FP 50/50: Lanzadera de itinerarios formativos del sector de Automoción y Telecomunicaciones. La iniciativa propone un modelo de orientación activa y experiencial para acercar al alumnado de Secundaria a la realidad profesional de estos sectores y romper estereotipos de género en familias profesionales tradicionalmente masculinizadas.

El proyecto, coordinado por Antonio Ismael Perdomo Ortega, orientador profesional del CIFP de Telde, se basa en las denominadas “Expediciones Técnicas”, un formato que sustituye las charlas informativas tradicionales por una inmersión directa en entornos laborales reales. La iniciativa está dirigida a 60 estudiantes de enseñanza secundaria y se articula bajo un compromiso de paridad, con un 50% de alumnas y un 50% de alumnos participantes.

A través de estas expediciones, el alumnado asume un papel activo en la visita, apoyado por un Kit de Inspección STEAM, concebido como un cuaderno de campo gamificado. Esta herramienta permite dinamizar la experiencia y favorecer que los estudiantes investiguen procesos tecnológicos, interactúen con profesionales en activo y relacionen los puestos de trabajo observados con la oferta formativa del CIFP de Telde.

Empresas y centros educativos conectados

El proyecto ha contado con la colaboración de dos empresas referentes en Canarias: Grupo ARI, en el sector de Automoción, representando a marcas como KIA, Dacia, Nissan e Isuzu; y Doble Diez Producciones, en el ámbito de las Telecomunicaciones. Ambas entidades han abierto sus instalaciones al alumnado y han facilitado información directa sobre los perfiles profesionales más demandados en sus organizaciones.

Además de mostrar sus procesos de trabajo, las empresas participantes se han implicado en la visibilización del componente tecnológico de sus sectores y en la promoción de referentes femeninos en ámbitos históricamente masculinizados. De este modo, el alumnado ha podido conocer desde dentro el funcionamiento real de una empresa y descubrir nuevas posibilidades formativas y profesionales.

En total, se han desarrollado cuatro expediciones técnicas con la participación de más de 60 alumnos y alumnas procedentes de distintos centros de educación secundaria de la zona de Telde e Ingenio. Los centros participantes han sido el IES Valle de los Nueves, el CEO Omayra Sánchez, el IES El Calero y el CPEIPS Enrique de Ossó.

Cada expedición se estructuró en cuatro fases: un recorrido técnico por las instalaciones, con observación directa de procesos de trabajo vinculados a electromecánica, carrocería, centros de datos e infraestructuras de red; una dinámica de speed mentoring con profesionales, con especial atención a referentes femeninos; una ronda abierta de preguntas y debate; y una conexión académica con la oferta formativa de FP del CIFP de Telde relacionada con los perfiles profesionales observados.

El impacto del proyecto ha sido positivo tanto a nivel académico como personal. Los equipos docentes y el profesorado acompañante han señalado un incremento significativo de la motivación académica del alumnado tras las visitas. También se ha observado una mejora en la percepción de la Formación Profesional, que ha pasado de entenderse como una alternativa secundaria a consolidarse como una opción de primera preferencia para el próximo curso.

Una de las experiencias más destacadas se produjo durante la expedición vinculada al sector de Automoción. Una alumna que al inicio de la visita manifestó que ese ámbito no tenía relación con sus intereses cambió su percepción tras observar el trabajo de una técnica de pintura de vehículos y conversar con ella. Al finalizar la jornada, llegó a plantearse la posibilidad de matricularse en el ciclo de Carrocería, mostrando entusiasmo por la profesión de pintora de automóviles.

En el ámbito de las Telecomunicaciones, la dinámica planteada por la productora audiovisual permitió que el propio alumnado se convirtiera en protagonista, compartiendo sus metas e inquietudes y reflexionando sobre la importancia de una formación técnica especializada para responder a las demandas actuales del mercado laboral.

Hay proyectos que empiezan con una pregunta técnica. Otros, con una necesidad humana. En el caso de GIRO, el proyecto del Centro Sagrado Corazón – Jesuitas Logroño reconocido con el primer premio en la 5ª edición de los Premios Transferencia de Conocimiento de la FP, ambas cosas se unen desde el primer momento: ¿puede la Formación Profesional ayudar a mejorar la recuperación de mujeres que han pasado por una mastectomía?

La respuesta del equipo llegó desde el aula de Grado Superior de Mecatrónica Industrial, donde las alumnas Verónica Martínez, Lilu González, Laura Castro e Itsaso Marauri, acompañadas por su tutor Javier González, desarrollaron una solución técnica con un propósito muy concreto: diseñar un exoesqueleto de brazo adaptable, fabricado mediante impresión 3D, para apoyar la rehabilitación progresiva de mujeres que han superado un cáncer de mama.

El proyecto parte de una realidad compleja. Tras una mastectomía, muchas mujeres pueden perder movilidad, fuerza y autonomía en el brazo. El propio equipo lo resume de forma directa en el vídeo de presentación del proyecto: “Después de una mastectomía, muchas de ellas pierden movilidad, fuerza y autonomía”. A partir de esa preocupación, el grupo se planteó una cuestión que marca el sentido de toda la propuesta: “¿Y si pudiéramos ayudarlas desde la Formación Profesional?”.

Una solución técnica pensada desde la empatía

Antes de empezar con el diseño, el equipo quiso conocer de cerca el problema. Para ello, se reunió con profesionales especializadas en rehabilitación de la Asociación Española Contra el Cáncer, un paso clave para entender las consecuencias físicas que puede tener una operación de este tipo y orientar mejor la propuesta.

Durante la investigación, las alumnas identificaron que, tras una intervención tan delicada, la movilidad de la extremidad puede verse comprometida por factores como las suturas o el dolor. También observaron que, si no se realiza una rehabilitación adecuada, pueden aparecer secuelas como dolores permanentes, limitaciones en los movimientos de apertura y flexión del hombro o patologías como la escápula alada.

Con esa información, el equipo diseñó un exoesqueleto de brazo adaptable a la usuaria, pensado para acompañar distintas fases del proceso de recuperación. El sistema funcionaría mediante servomotores limitados al rango de movimiento adecuado según el momento en el que se encuentre cada paciente, de manera que su función principal sería apoyar una rehabilitación progresiva y ayudar a recuperar movilidad.

La propuesta contempla, además, una posible ampliación para casos de linfedema mediante la incorporación de un sistema de drenaje linfático basado en el método Boder, orientado a estimular el sistema linfático, reducir edemas, eliminar toxinas y contribuir a disminuir la inflamación.

GIRO combina así conocimientos de mecatrónica, diseño, impresión 3D y control de movimiento, pero su valor no se limita a la parte técnica. El proyecto demuestra cómo la FP puede aplicar sus competencias a una necesidad real, conectando tecnología, salud y acompañamiento.

Tecnología con propósito

El primer premio de los Premios Transferencia de Conocimiento de la FP reconoce precisamente esa capacidad de transformar el aprendizaje en una solución con impacto. En esta 5ª edición, impulsada por FPEmpresa y Grupo Esprinet, la convocatoria ha puesto el foco en proyectos tecnológicos alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con especial atención al ODS 5, centrado en la igualdad de género.

GIRO se alinea con los ODS 3, 5, 8, 9 y 10, al abordar cuestiones vinculadas a la salud y el bienestar, la igualdad, la innovación, el trabajo digno y la reducción de desigualdades. Pero, más allá de la enumeración de objetivos, el proyecto destaca por una idea sencilla y poderosa: usar la tecnología para que más mujeres se sientan acompañadas durante un proceso de recuperación difícil.

“Porque queremos que más mujeres se sientan fuertes y acompañadas”, explica el equipo en su presentación. Esa frase resume el enfoque humano de una propuesta que no nace solo para resolver un reto técnico, sino para ayudar a mejorar la calidad de vida de las pacientes.

La experiencia también ha dejado una reflexión importante en las propias alumnas: “Gracias a GIRO hemos descubierto que la tecnología con propósito tiene mucho más poder”. En esa idea se concentra buena parte del valor del proyecto: aprender mecánica, programación o diseño no como un fin en sí mismo, sino como una forma de crear respuestas útiles para la sociedad.

Con GIRO, el Centro Sagrado Corazón – Jesuitas Logroño muestra cómo la Formación Profesional puede investigar, diseñar y prototipar soluciones capaces de salir del aula y mirar de frente a problemas reales. Un proyecto que convierte la mecánica en una herramienta para sanar y que recuerda, como afirma el propio equipo, que “la FP también puede transformar vidas”.

El Centro San Viator Sopuerta, centro socio de FPEmpresa en Bizkaia, lidera el proyecto GEOREF, una iniciativa impulsada por la Viceconsejería de Formación Profesional del Gobierno Vasco que aplica tecnología de alta precisión a la digitalización y georreferenciación de entornos forestales. En el proyecto también participa el CIPF Murgia de Araba, dando continuidad al trabajo desarrollado el pasado curso en ROBOFOREST.

GEOREF nace como evolución de aquel proyecto previo, en el que se utilizó un robot móvil autónomo equipado con tecnología LIDAR para digitalizar una zona boscosa. A partir del modelo generado, y mediante técnicas de procesamiento de nube de puntos, se pudo realizar el cubicaje del entorno, es decir, la estimación del volumen de madera existente.

En esta nueva fase, el objetivo es avanzar un paso más e incorporar la georreferenciación de los árboles, ubicando sus coordenadas sobre una ortofoto de un área forestal. De esta forma, el proyecto permite geoposicionar elementos del entorno con un alto nivel de precisión y abre nuevas posibilidades para la gestión, el análisis y la digitalización de espacios naturales.

Precisión centimétrica para la digitalización forestal

Para lograrlo, GEOREF ha implementado técnicas NTRIP y RTK. Esta tecnología permite reducir el margen de error habitual de un sistema GPS, que puede superar el metro, hasta alcanzar una precisión centimétrica gracias a la corrección RTK (Real Time Kinematics).

El sistema funciona a partir de antenas fijas que corrigen el error en fase del GPS y envían las correcciones al receptor del robot a través de internet. En el caso del País Vasco, estas antenas son accesibles desde el portal GEOEUSKADI, lo que permite obtener la precisión necesaria para ubicar los elementos forestales sobre el terreno.

El proyecto también cuenta con la colaboración de alumnado universitario en prácticas procedente de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y de la Universidad de Deusto, desde sus campus de San Sebastián y Bilbao, respectivamente.

Los avances desarrollados en GEOREF serán transferidos al alumnado de ciclos de la familia profesional agraria y a entidades del entorno. En el ámbito de la Formación Profesional, el proyecto permitirá ampliar las competencias técnico-forestales del alumnado y reforzar aprendizajes vinculados a la digitalización, la interpretación de datos y el uso de herramientas tecnológicas aplicadas al territorio.

Las pruebas finales del proyecto han resultado satisfactorias en un robledal de Murgia, dentro del municipio de Zuia, en Araba. Durante el desarrollo de la iniciativa se ha creado una aplicación, disponible tanto para equipos informáticos como para dispositivos móviles, que permite generar un fichero con las coordenadas que el robot debe visitar.

Posteriormente, con el LIDAR acoplado al robot, se recorren esas coordenadas para digitalizar el entorno. Los datos obtenidos pueden visualizarse tanto en la propia aplicación como sobre una ortofoto del terreno mediante el programa QGIS, una herramienta de georreferenciación que permite representar la información recogida de forma precisa.