Un cuadro eléctrico parece un elemento sencillo dentro de una vivienda. Está ahí, normalmente en la entrada o en un pasillo, preparado para actuar cuando salta un automático, se produce una incidencia o es necesario cortar la corriente. Sin embargo, para muchas personas no es tan fácil identificar qué ocurre, llegar hasta él o saber qué parte de la casa se ha quedado sin luz.
Desde esa escena cotidiana nace el proyecto del IES Gerardo Molina, de Torre-Pacheco, reconocido con el primer tercer premio en la 5ª edición de los Premios Transferencia de Conocimiento de la FP, impulsados por FPEmpresa y Grupo Esprinet. Una propuesta desarrollada desde el ciclo de Grado Superior en Sistemas Electrotécnicos y Automatizados para crear un cuadro eléctrico inclusivo, pensado especialmente para mujeres con discapacidad visual o movilidad reducida.
El proyecto parte de una necesidad muy concreta. En el vídeo de presentación, el equipo lo expresa con una situación fácil de imaginar: “Me cuesta porque el cuadro está pensado para verlo. Si salta un automático, no sé cuál es ni qué parte de la casa se ha quedado sin luz”. A esa dificultad se suma otra barrera física: “Si pasa algo, no puedo llegar bien al cuadro porque está demasiado alto”.
A partir de ese diagnóstico, el alumnado plantea una idea clara: los cuadros eléctricos domésticos no siempre están diseñados para ser accesibles. Y esa falta de accesibilidad puede generar inseguridad en situaciones en las que actuar rápido y entender qué ocurre resulta fundamental.
Cuando la accesibilidad también es seguridad
La propuesta del IES Gerardo Molina incorpora diferentes soluciones para que el cuadro eléctrico pueda ser utilizado de forma más autónoma y segura. Una de las principales medidas es la integración de un sistema de relieve en Braille, que permite identificar cada circuito mediante el tacto. A ello se suma el uso de iniciales grandes y con alto contraste, pensadas para facilitar la lectura y mejorar la accesibilidad visual.
El equipo también tuvo en cuenta la altura de instalación del cuadro, especialmente en viviendas donde pueda vivir una persona en silla de ruedas. Para ello, consultaron con su profesora María Luisa Martín, con el objetivo de adaptar la propuesta a criterios de accesibilidad y uso real.
Pero el proyecto va más allá de la identificación física de los circuitos. El alumnado ha incorporado un conjunto de soluciones inteligentes que permiten recibir avisos y actuar sobre la vivienda de forma más eficiente. Entre ellas, un sensor de día y noche que detecta si una luz ha quedado encendida durante el día y envía una notificación a través de Telegram, permitiendo desactivarla.
También se ha integrado un detector de humo inteligente, conectado al mismo sistema de alertas. De esta forma, el cuadro no solo facilita el uso cotidiano de la instalación eléctrica, sino que añade una capa de seguridad ante posibles incidencias en el hogar.
Tecnología aplicada a la autonomía
Para gestionar estas funciones, el proyecto utiliza una Raspberry Pi conectada a la red Wi-Fi de la vivienda, con sistema operativo Linux y el software Node-RED. Este sistema permite centralizar los avisos y enviar notificaciones al móvil cuando se produce una incidencia.
Una de las funcionalidades más relevantes es la alerta en caso de que baje algún magnetotérmico. El sistema no se limita a avisar de que existe un fallo, sino que identifica exactamente qué circuito se ha visto afectado. En el propio vídeo del proyecto, el equipo muestra el tipo de aviso que recibiría la persona usuaria: “Alerta fallo circuito, enchufes”.
Además, para garantizar que al salir de casa todo quede apagado, el alumnado ha implementado un sistema NFC. Al pasar el móvil desbloqueado por el dispositivo, se apaga toda la luminaria y algunos enchufes, una solución que combina comodidad, ahorro energético y seguridad.
El proyecto se alinea con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos el ODS 5, por su contribución a la igualdad de género con especial referencia a mujeres con discapacidad; el ODS 7, por su aportación al ahorro energético; y otros objetivos vinculados a la reducción de desigualdades, las comunidades sostenibles, el consumo responsable y la acción por el clima.
El valor de la propuesta está precisamente en esa combinación de elementos: accesibilidad, energía, seguridad, autonomía y tecnología aplicada. No se trata únicamente de adaptar un cuadro eléctrico, sino de repensar un elemento doméstico desde la perspectiva de quienes encuentran barreras en su uso diario.
El equipo lo resume con una frase que sintetiza el espíritu del proyecto: “Estamos seguros de que con nuestro proyecto podemos ayudar a muchas mujeres a ganar autonomía y seguridad, porque diseñar para todas no es un extra: es seguridad, igualdad y tranquilidad”.